Raúl Ortiz, Caficultor de la Hacienda Los Pajaritos, Venezolano del Estado Anzoategui y *Promotor del Agroturismo, es reconocido por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) como Líder de la Ruralidad de las Américas por ser un gran promotor del agroturismo a través del café y por su trabajo en favor de la promoción de las comunidades cafetaleras de su región y de la innovación.
Ortiz recibirá el premio *»Alma de la Ruralidad»*,parte de un proyecto del IICA para dar visibilidad a mujeres y hombres que dejan huella y hacen la diferencia en los campos del continente, figuras clave para la seguridad alimentaria y nutricional y la sostenibilidad.
«Me siento afortunado por poder fomentar la economía de inclusión, aportando al crecimiento y el desarrollo del país», asegura el productor venezolano. Pero Ortiz es también un ejemplo de cómo todo el continente se está adaptando a los nuevos tiempos y las nuevas coordenadas de la economía agrícola. En su caso, acoplándose a la demanda creciente de café de especialidad.
Además del título de contador público, Raúl tiene una maestría en Finanzas, ambos diplomas obtenidos en la prestigiosa Universidad de Oriente. Su historia de vida arrancó en la localidad de Los Pajaritos, «uno de los caseríos más remotos del país», dice, donde los productores se dedican al café y las hortalizas. El paisaje no podría ser más hermoso: Los Pajaritos se encuentra en la zona montañosa de Turimiquire, donde la naturaleza «nos enseñó a conservar el ambiente».
Los Pajaritos, resume Ortiz, es un proyecto «de integración vertical agroindustrial» para favorecer la venta de café y, también, el desarrollo de los productores cafetaleros vecinos. A ellos los impulsa a dedicar parte de sus cultivos a granos de alta calidad, que luego se puedan vender a clientes que buscan café de especialidad, cada vez más consumido en las grandes ciudades del mundo.
La marca de café Los Pajaritos, señala Ortiz, está registrada a nivel nacional desde 2020 y cuenta con una concesión para trabajarla por dieciséis años. «Es un proceso de industrialización», señala contento. Aunque todavía no cuentan con toda la maquinaria necesaria para el circuito completo de transformación del grano y deben tercerizar algunos segmentos, «somos emprendedores que estamos avanzando, comprando algunos de esos equipos y promoviendo un proceso de formación, que es lo más importante».